En 1929, la producción de vino del Plan (plano, llano) de Cartagena
se cifró en torno a un millón de hectolitros. Entonces, el
tinto y el blanco compartían casi por igual el viñedo, si
bien el blanco se cotizaba más que el tinto. José Pascual
Alonso (enoteca El Zamorano) los define «caldos dorados (de ojo de
perdiz) en la denominación lugareña, ambarinos, con sabor
a fruta fresca, redondos con una acidez media y alta graduación (15/16º)
sin mezclas ni filtrado, lo que le transmitía un cierto recuerdo
al raspajo de la uva en su sabor y una miajica de poso».